El primer bocado también tiene su ritual
Una trufa se disfruta primero con la vista. Observa su acabado y deja que alcance una temperatura agradable. Después acércala, reconoce sus aromas y prueba un bocado pequeño. Permite que el chocolate se funda antes de buscar el siguiente sabor. Esa pausa revela capas, contrastes y detalles que suelen pasar desapercibidos.
